Lo recuerdo
Lo recuerdo como si hubiera pasado ayer
Fue el día del equinoccio
Ese día, hace exactamente un mes.
Un Lunes, el Lunes más bello que pudo existir en mi vida.
El único Lunes que he amado con tanta locura.
Era una tarde, con un olor particularmente agradable, recuerdo que estaba lloviendo, mucho, y que no tenía planeado absolutamente nada, mi madre no estaba, y la de él tampoco.
Entonces todo pareció encajar perfectamente, la tarde seguía sublime, en su más alta belleza, con ese cielo triste y gris.
Juntos, en la suave cama, observándonos mutuamente. Yo me estaba perdiendo en la profundidad de sus ojos avellana, me sentía tan querida, tan llena.
Las caricias fueron imposibles de calmar, y la pasión que corría por nuestras venas llevaba algo más que sólo eso, llevaba algo a lo que todos tememos: entonces, quería que fuese así, pero no sabía si así lo era.
Y aunque no fue completamente, sentí todo eso quemando cada célula de mi cuerpo, como si de verdad nos estuviéramos entregando
Era algo diferente esta vez, era algo hermoso.
Sus cabellos negros encima de mi rostro, me hipnotizaban, me llamaban. Su piel blanca y tersa suspiraba por más, su voz calmada y pasiva me decía esas encandeladas palabras, y yo sólo lo amaba.
Nuestras conversaciones habían llevado a una sola sonrisa, a un largo beso, empapado de agua y gloria, y a una tarde y casi noche infinita en la que nos amamos en su cálida cama con su habitación como testigo mudo y nuestras pieles desnudas nadando en el placer mientras la ciudad se ahogaba en llanto.
Y no fue un sueño, oh no, de verdad pasó, y la felicidad en nuestros rostros al final lo delataban.
Ese momento fue único, y siempre quedará marcado en mí, porque fue el primero y el último momento en el que compartí algo así con él.
No pasó para más, porque no se pudo pero...
Si tuviera la oportunidad y muchas cosas fueran diferentes, lo haría.
Lo amaría por completo.